domingo, 4 de mayo de 2008

El Peregrino Alfonso. Buen Camino


Mientras vamos volviendo de manera perezosa al día a día vamos recordando con una sonrisa algunos de los momentos vividos en esta experiencia.

Si tengo que quedarme con cosas que me han sorprendido o me han llamado la atención, entre las primeras estarían los peregrinos a pie. No voy a entrar en debates sobre méritos o diferencias en la experiencia de hacer el Camino a pie o en bici, que las hay, porque me quiero quedar en el peregrino que mejor hemos conocido: Alfonso.

El lugar es el Albergue de la Faba, a pocos kilómetros de O´Cebreiro. Este albergue estaba regentado por un alemán que no hablaba ni español ni inglés lo mismo que todos los huéspedes de aquel día. Sin embargo, entre la gente había un chaval menudo, de pelo moreno y gafas, una vez más mi boca fue más rápida que mi cabeza: ¿tú eres español, verdad?, y así era, Alfonso estaba en su segunda etapa, natural de Casas Viejas (Ávila) e iba a compartir con nosotros aquel día.

Durante la noche pudimos comprobar el nivel de preparación que Alfonso llevaba para reducir su equipaje a la mínima expresión, sin faltar nada pero sin llevar un gramo más de lo necesario. Su Camino se lo agradeció, seguro. Esa noche, antes de irnos a dormir por lo que pudiera ocurrir al día siguiente, nos despedimos: “Alfonso, Buen Camino, que todo te vaya bien” (1)

Al día siguiente antes de las 7 de la mañana los primeros peregrinos se pusieron en pie y con ellos nos fuimos levantando todos. En el baño volvimos a coincidir con Alfonso, nos comenta que hay un desayuno que preparan los hospitaleros y que por la voluntad podemos salir desayunados de allí, agradecemos la información y por si no nos volvemos a ver, nos despedimos: “Alfonso, Buen Camino” (2).

Tras desayunar y volver a recoger nuestras pertenencias, nos encontramos con Alfonso, está envolviendo sus calcetines mojados (y no secados por la noche) en papel de periódico, nos comenta que esa es la manera de conseguir secarlos mientras se anda. Volvemos a confirmar lo bien preparado que viene, y nos volvemos a despedir: “Alfonso, Buen Camino” (3).

Salimos a por nuestras bicis y el ruido que habíamos escuchado desde el interior del albergue se confirma, está lloviendo. Hay que prepararse para la lluvia, nosotros, nuestras bicis, nuestras alforjas… en esto Alfonso sale ya ataviado y tras una breve conversación sobre la meteorología marcha, pero antes nos volvemos a despedir (ya con cierta coña): “Bueno Alfonso, pues nada, Buen Camino” (4).

Una vez que estamos preparados, que vemos que llevar bolsas de plástico en los pies quizás nos proteja del agua pero nos complica el pedaleo y andan muy cerca de la cadena de la bici, nos ponemos en marcha adelantando de nuevo a nuestro amigo, no podemos dejar pasar la ocasión, esta sí será la última: “Alfonso, Bueno Camino” (5).

Las flechas en la Faba dan lugar a dudas, en un cruce no queda claro por donde ir, seguimos nuestro sentido común que nos lleva a las afueras del pequeño pueblo a un camino empedrado que apunta hacia arriba… por ahí no puede ser. Nos damos la vuelta hasta el cruce que nos había creado las dudas… y ahí llegaba… ahí estaba de nuevo Alfonso… nuevo saludo: “Buenas Alfonso, nos hemos debido confundir, seguimos, Buen Camino” (6)…. Parecía coña, parecía el día de la marmota,…

Cogemos el otro camino indicado, pero llegamos a la misma cuesta empedrada de la opción anterior. Tiene que ser por aquí, quizás tras unos metros de empujing (no tiene más traducción que la que os podáis imaginar) lleguemos a algo más “civilizado”… en estas oímos unos pasos detrás de nosotros………………………………………. Alfonso. Tras acompañarle unos metros vemos que por ahí no tiene que ser, no puede ser, valoramos las opciones, pensamos que esta vez no debemos aplicar una de las frases de David (“… para atrás ni para coger carrerilla…”), hay que darse la vuelta. “Alfonso, Buen Camino, nos vamos en búsqueda de nuestro Camino”. Esta despedida si que es la definitiva. (7)

Volvemos al único bar de Faba y nos comentan que hay que ir por Liñares, para ello debemos bajar 1 km de dura subida que hicimos el día anterior y coger el cruce que hay para subir muuuuuuuy arriba… no queda otra, nos tiramos por la cuesta para no pensarlo.

Desde el cruce correcto hasta Linares tenemos una subida de casi 4 kilómetros que nos va a llevar casi una hora, la subida es muy bonita, pero muy dura, desde el principio ves unas casitas muy arriba que poco a poco se van acercando hasta convertirse en Liñares. Tras las primeras casas (2 casas) un camino se incorpora a la carretera, en ese cruce nos encontramos con un peregrino que va con su chaqueta roja… no podía ser otro,……….. “Alfonso!!!!... Buen Camino….”, nos volvemos a saludar, nos volvemos a explicar como hemos llegado ahí, y sobretodo, como después de más de una hora de haber salido estábamos -peregrino y bicigrinos- en el mismo punto. Nosotros sentimos cierto rubor, estamos en nuestros especial “día de la marmota” y no conseguimos salir de él. Nos volvemos a despedir: “Alfonso, Buen Camino!”…

Empiezo a pedalear muy fuerte pensando en qué debe estar pensando Alfonso de nosotros… pero al salir de Liñares el Camino se vuelve a empinar, vemos algún peregrino que nos va procediendo y está muy arriba… hay que parar a tomar una barrita, no queda otra…. Os lo podéis imaginar, antes de acabar volvemos a ser alcanzados por Alfonso, ya no sabemos si mirar para otro lado… pero claro, aquello no es la Puerta del Sol el día de Nochevieja, ahí poco puedes hacer para no ser visto… nos volvemos a saludar y a desear Buen Camino… esta frase ya tiene coña para nosotros.

Tras la barrita energética nos conjuramos para que cuando pasemos saludemos a Alfonso ya por última vez,… y así fue….

La historia, contada como “lamentable ejemplo de lo poco que avanzamos en aquel inicio de mañana” ha dado para muchas risas. Contada por Miguel no tiene desperdicio., la he oido varias veces y siempre acabo llorando de risa… habrá tiempo para recordarla.
Foto de la aventura donde se mezclan peregrinos y bicigrinos.

3 comentarios:

David dijo...

Je, je, je pues sí que tiene gracia sí, ahora que ya os vale a los dos.

A ver si se la oigo a Miguel de viva voz.

atleta dijo...

Macho, no he visto yo tanta gente en todo mi camino como veo en la foto que pones. Me alegra ver que ha sido una buena experiencia para vosotros.
Un abrazo

Javi.Rigor.Rivas dijo...

David... se lo tienes que oir a Miguel... es la leche.

Atleta, impresionante la cantidad de gente que había andando., sobretodo en la parte final. Te debo una llamada para que me cuentes lo que ya percibí en la última llamada que hicimos... una vez más, acertaste. Una vez más me demostraste que tu "pasta" es especial, es auténtica. Si sñor.

Buen Camino.